Cata Tinto Pesquera 2005

por paco
Cata vino vino tinto Ribera del Duero
El Tinto Pesquera siempre me había parecido uno de los vinos míticos del panorama vitivinícola español. Era un vino sobradamente conocido por su fama y prestigio, pero desgraciadamente probado en muy raras ocasiones. Esta noche, la de ayer, he decidido refrescar mi memoria "pesqueril" y deleitar a mi paladar y mi olfato con este estupendo vino. Elaborado con honestidad principalmente, pero también con mucha maestría y saber hacer. Pesquera crianza 2005 Ribera del Duero buen corcho en la copa color Alejandro Fernández es el autor. Un hombre que a través de su trabajo ha conseguido las más altas cotas dentro de este mundo tan difícil. Ha conseguido hacer grandes vinos y muchos. Actualmente tiene bodegas en Ribera del Duero (Pesquera y Condado de Haza), La Mancha (El Vínculo) y Castilla León (Dehesa La Granja) y en todas ellas los vinos tienen su sello personal y su calidad. Seguramente el Tinto Pesquera fue uno de sus primeros vinos, si no el primero, con él se hizo un nombre y mantiene un prestigio a través de los años. Este que cato hoy es de la cosecha del 2005, elaborado con uvas tempranillo exclusivamente, con 14 grados de alcohol, 18 meses de barrica americana y 6 meses de crianza en botella, a los que hay que añadir 12 más desde que salió de la bodega, lo que hace un total de 18 meses de crianza en botella, total del 2005 al 2008, 36 meses de crianza entre barricas y botella. Para la realización de estas catas estoy siguiendo el esquema de aquel curso rápido de cata de vinos que publiqué hace tiempo. En el análisis visual es un vino que se presenta con buena capa, considero que es una capa medio alta, no llega a tener un color picota, pero si un cereza intenso con reflejos de color rubí y, a pesar del tiempo en botella, aún se aprecia algún reflejo azulado, lo cual le augura una larga vida en la botella. Es un vino limpio y brillante que invita a disfrutar de él. El aroma del vino es muy agradable, embriagador, con una intensidad alta de olores y mucha complejidad. Lo voy a disfrutar. La primero que se aprecia es el aroma de la crianza en madera, los tostados sin determinar, las especias, que recuerdan a la vainilla y la pimienta, hay notas que recuerdan al cuero y tal vez a la caza, no estoy muy seguro. Estas primeras sensaciones son bastante tumultuosas, como si el vino tuviese prisa por manifestarse. Después empiezo a percibir aromas de fruta, frutas negras, del bosque. También empiezan a despuntar aromas minerales, algo que me recuerda a la tiza, algo muy sutil que proviene de la tierra. Luego percibo los aromas balsámicos, me recuerdan al eucalipto. Es un vino que tiene mucho abanico aromático. Es de esos vinos que pueden estar horas desprendiendo aromas nuevos. Para los iniciados no es ningún secreto que los vinos a lo largo de una velada no huelen siempre igual. Los aromas se perciben por la volatilización de unas moléculas químicas que se van desprendiendo de los líquidos o sólidos, en función de las condiciones de temperatura y aireación. Por eso las moléculas más pesadas tardan más en liberarse para llegar a nuestra pituitaria y ser percibidas por nuestro olfato. Esa es la razón por la que un vino evoluciona en la copa, desprendiendo olores distintos según transcurre el tiempo. Este en concreto ha pasado de ser un vino impetuoso a manifestarse mas sosegado, ofreciéndome a la media hora de puesto en la copa unos aromas mucho más elegantes y sutiles. Después de ese tiempo distingo que entre los torrefactos (empireumáticos) se percibe un aroma a café tostado y una mayor intensidad de la fruta. Como habréis notado me gusta más la fase olfativa de la cata que las demás. Es lógico, el olfato es el sentido que nos permite disfrutar más de la comida. Recordad que ocurre cuando estais refriados, las cosas no tienen "sabor", bueno lo que no tienen es olor. Ya en la boca, el vino se nota potente, pero con elegancia, se nota su peso en la boca, está presente, pero es un vino muy equilibrado y redondo, sin notas discordantes, con una nota cálida, por los 14 grados de alcohol, pero que se diluye entre las demás sensaciones. La tanicidad (astringencia) se percibe después de tragar el sorbo de vino. Es un tanino justo y necesario, se siente pero no molesta. Después, al beber el vino con la cena, el tanino se agradece, pues ayuda al paso del bocado. La persistencia del sabor en la boca es larga. Por vía retronasal, es decir los aromas que se desprenden en el interior de la boca por el calor del cuerpo y llegan a la nariz a través de la garganta, se perciben nuevas sensaciones, destaca entre todas el aroma de regaliz. Me he quedado encantado. Este vino sigue siendo exquisito, con una vida muy larga. Solo se debe tener en cuenta que hay que darle tiempo para que se exprese, no es un vino para servir y bebérselo de un trago (bueno esto ninguno). Es un vino para servirlo en la copa y antes de beber ponerse a hablar de él y disfrutar de su perfume durante una hora larga.

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