Bodega Otazu, Navarra

por paco
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De nuevo por mediación de Bodegas Santander-Beal's, desde la sala de catas que tiene instalada en la calle Alzira 15, en Valencia, ver fotos, tenemos ocasión de conocer los productos de una bodega de primera mano. En esta ocasión viene desde Navarra la Bodega Otazu, situada en la comarca de Pamplona, entre los señoríos de Otazu y Eriete. 050320091832.jpg 050320091831.jpg 050320091829.jpg 050320091830.jpg 050320091828.jpg Es una de las bodegas situadas más al norte de la península Ibérica, solo algunas del Somontano se encuentran aproximadamente a la misma altura. Tiene por lo tanto unas condiciones climatológicas muy diferentes a lo que es habitual en España. Llueve en abundancia en invierno y primavera, excepto en verano, tiene un clima de característica atlántica, similar al que se da en Burdeos. Debido a esa abundancia de agua tienen plantado entre las hileras de las cepas una base de cereal que sirve para autorregular el suministro de nutrientes y agua a las cepas. Este cereal compite con la vid y le roba gran cantidad de agua en las épocas de mayor aporte hídrico. La Bodega cultiva las variedades tintas de tempranillo, merlot y cabernet sauvignon y la blanca chardonay. En esta ocasión nos presentaron dos blancos, dos tintos y un rosado. El primer blanco fue un chardonay joven del 2006, Palacio de Otazu. Sí, joven del 2006. Es un vino por el que no ha pasado el tiempo, es una apuesta arriesgada de la bodega, mantener el vino en la botella más de lo que es habitual, para que se acabe de redondear. Otras bodegas sacan a la venta este tipo de vinos en el mismo año de la cosecha o a principios del siguiente. Lo frecuente es que este vino dejase de venderse en el otoño de 2007, pero esta bodega lo ha mantenido en sus cavas esperando su mejor momento. Se ha vendimiado por la noche, en el mes de septiembre, y fermentado durante 45 días, a baja temperatura. Es un vino que ha permanecido un año en la botella antes de salir a la venta. Tiene un color pajizo brillante con reflejos metálicos. Aromas de manzana y cítricos, miel y melocotón. Evoluciona en la copa para mostrar aromas de piña y algodón de azúcar. En la boca es untuoso, con mucha estructura y una buena acidez. Con una persistencia en el paladar larga. Es un vino que me ha sorprendido mucho, por la juventud y recorrido que aun le queda. El segundo fue el mismo chardonay pero fermentado en barrica de roble francés, sobre lías y con la técnica del battonage. Esto consiste en la en la barrica, tras la cual quedan los restos de las levaduras en el fondo de la barrica y se agitan periódicamente para provocar la rotura de sus paredes celulares y lograr la liberación de las manoproteinas, lo que le da mayor estructura y cuerpo a los vinos. Este blanco presenta un tono amarillo pajizo. En nariz se perciben aromas de fruta y bollería, anisados y caramelo, toffe, ahumados y algo de jengibre. En la boca es untuoso y complejo, con menos acidez que su antecesor, a pesar de ser del mismo año. Le llegó el turno al rosado. Un vino recién embotellado, obtenido de la variedad merlot, con un color entre pétalo de rosa y fresa. Brillante y limpio, muy bonito. En nariz da aromas de caramelo de fresa y rosa. En la boca es intenso y fresco, con una acidez pronunciada que seguro que se suaviza con un periodo en botella. Necesita asentarse, pero presenta y augura muy buena evolución. El primer tinto que probamos lleva por nombre Dimensión. Está elaborado con un 50% de merlot, un 30% de cabernet sauvignon y un 20% de tempranillo. Es de la cosecha del 2004, criado en barrica de roble francés durante catorce meses. Presenta un color granate con poca evolución. En nariz se perciben aromas de fruta, tostados, chocolate, balsámicos, especias, laurel y lácteos. En la boca es un vino cálido, se notan sus 14,5º, con un ataque dulce y un final tánico agradable. Buena persistencia. El último de los vinos, de nombre Altar, es de la cosecha del 2001, elaborado con un 95% de cabernet sauvignon y un 5% de tempranillo, criado durante 18 meses en barrica de roble francés. La presentación es excelente, con una botella de vidrio negro brillante y una etiqueta, también negra, con letras en color plata. El color es granate picota casi negro. Desprende aromas de torrefactos, balsámicos, mineral, tipo grafito, especiado, fruta compotada, ciruela pasa y regaliz. En la boca resulta un vino con muy buena estructura y una tanicidad acusada pero elegante. Un vino para beber solo sin necesidad de ser acompañado por ningún alimento, aunque acompaña perfectamente a guisos de cuchara y asados. Una buena muestra de los vinos navarros, bastante diferente de la idea que tenemos formada de las bodegas de aquella zona. Modernidad y buen hacer, una apuesta arriesgada que seguro que da buenos resultados.

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