Pizzería L'Ancora 1986. Alcossebre (Castellón)

por paco
Cocina italiana pizza pizzeria Alcossebre Restaurantes en Castellón
Improvisación con fortuna en la costa de Alcossebre

Cuando una cena casual y sin mayores pretensiones en el puerto de Alcossebre te rompe los esquemas habituales de los estereotipos italianos

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Hay noches en las que uno no busca el olimpo de las estrellas ni de los soles, sino simplemente cenar algo sencillo, rico y sin florituras. En uno de esos paseos veraniegos por el Puerto Deportivo Las Fuentes, esquivando las habituales trampas para guiris que plagan la costa, nos topamos con un rincón que mantiene el pabellón de la dignidad bien alto entre tanto bluf, la Pizzería L'Ancora 1986. Lo que inicialmente pintaba como un trámite para salir del paso terminó convirtiéndose, para nuestra grata sorpresa, en una demostración real de que comer bien no tiene por qué ser un drama ni costar un ojo de la cara. Tal era mi desinterés inicial que apenas hice un par de fotos de testimonio, de las que no hay mucho que ver, como puedes apreciar. Espero rectificar pronto.

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Olvidaos de los inventos precocinados de las franquicias de turno. En este rincón la cocina te atrapa desde el primer vistazo. Aquí, por fortuna, no vas a encontrar esa masa industrial acorchada que tanto abunda por ahí, aquí se viene a gozar de la verdad del fuego y de un respeto reverencial por los tiempos de fermentación, de los que hacen escuela.

Frente a esos menús kilométricos de los "pseudoitalianos" que ofrecen desde espaguetis con nata hasta filetes a la milanesa, la propuesta de L'Ancora es gratamente corta. Una declaración de intenciones en toda regla que, hablando en plata, se agradece un montón.

Su carta se centra en la artesanía italiana, pero exhibe un ramalazo de auténtica rebeldía. Hay que tener valentía para apostar por formatos de masas poco convencionales y nombres que se salen del sota, caballo y rey de la "cuatro quesos" o la "cuatro estaciones" a la que nos tienen acostumbrados. Aquí se nota que hay ganas de ofrecer algo diferente, un chispazo de creatividad que no disfraza el producto, sino que lo defiende con combinaciones que tienen mucho carácter, lo cual es una gozada.

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Comenzamos el envite con un clásico que sirve para medir la calidad del corte y la frescura de la materia prima: el Carpaccio de Buey.

El plato llega a la mesa con la carne cortada a la temperatura precisa —un error de bulto muy común es servirla medio congelada—, mostrando su veteado natural. Olvidaos de las manidas lascas de queso industriales de siempre; aquí venía coronado por un queso cremoso desmigado a mano que aportaba una untuosidad fantástica, rematado con una lluvia fina de queso curado rallado y hojas frescas de albahaca y menta que le daban un toque fresquísimo. El hilo de aceite de oliva que lo ligaba todo era de categoría, lo cual es un plus.

Un acierto fue el acompañamiento, una focaccia alargada estilo lingua servida sobre una tabla de madera. Una masa rústica, crujiente a rabiar, llena de esas grandes ampollas tostadas que delatan el golpe de calor del horno de leña. Venía empapada en un buen aceite de oliva virgen y perfumada con romero fresco. Estaba buenísima por sí sola, pero es que, si le ponías encima la carne del carpaccio, aquello se convertía en un bocado exquisito.

Acto seguido llegó a la mesa la Pizza Lingua di Mangiafuoco (Lengua de tragafuegos), una de las opciones con más chispa de su apartado de masas. A pesar de lo que sugiere el nombre, te la presentan en un formato circular de manual, de los que da gusto ver. El aspecto es pura tentación: un borde bien hinchado, elástico y con ese carismático moteado oscuro del fuego de verdad, lo cual ya es una gozada antes del primer mordisco. Sobre la base de tomate, la mozzarella fior di latte se funde en islotes que invitan a hincar el diente.

La gracia del asunto viene por el salami picante italiano, cuyas rodajas se ondulan y quedan crujientes en el horno, soltando sus jugos especiados. Eso sí, hablando en plata, a pesar del nombre bélico de la pizza, el embutido apenas picaba. Ya sabemos que la tolerancia a la guindilla es un mundo, pero aquí el mordisco es sumamente amable y apto para todos los públicos, ideal si no te van las emociones fuertes.

El gran acierto radica en cómo juegan los contrastes en la boca. Al punto alegre del salami le sigue la cremosidad del queso gorgonzola dulce DOP y la melosidad de unas cebollas confitadas que calman el terreno. Todo esto rematado con unas buenas aceitunas negras maduras y el aroma del romero fresco espolvoreado al salir del horno. Una combinación con garra y muy sabrosa.

Nos pilló tan de sorpresa que solamente bebimos una cerveza, sin vino ni nada —de las que no hay foto, como puedes ver—. Salimos a tomar algo sin más pretensiones, pero habrá que rectificar y elegir una buena botella en la próxima visita.

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Detrás de una buena mesa siempre hay personas que la sostienen, y en esta casa el factor humano se nota desde que cruzas la puerta. Las buenas críticas que circulan por ahí no exageran nada, y nuestra experiencia lo confirmó desde el primer minuto. Al frente de la sala se mueve Fabio Manfredi, que maneja el cotarro con un ritmo estupendo. Olvídate de la típica atención fría y encorsetada de franquicia; aquí el trato es directo, ágil y de una cercanía auténtica, de los que te hacen sentir cómodo de inmediato. Pero el detalle que terminó de ganarnos fue que el propio encargado se acercó un par de veces a la mesa para charlar y asegurarse de que todo marchaba a pedir de boca. Se nota cuando a un equipo le importa de verdad el disfrute del comensal. Detalles así dan gusto y marcan la diferencia.

A estas alturas del partido, uno ya tiene el colmillo retorcido y detecta al vuelo cuándo hay oficio real detrás de unos fogones. L’Ancora 1986 demuestra que el buen producto y la cocina seria se defienden mejor desde la sencillez de un puerto marinero que desde la pirotecnia y el postureo de ciertos salones pretenciosos. Disfrutar de una masa con este nivel, elaborada con harinas de fuerza bien trabajadas y combinada con un embutido de primera, es una grandísima noticia para cualquier disfrutón que se precie. Al final, hablando en plata, menos es más. Una parada obligatoria en la zona si buscas cocina con identidad y sin tonterías.

A ti, que lees estas líneas buscando pistas fiables para tu próxima escapada por Castellón, te lanzo la pregunta: ¿eres de los que se conforman con la típica pizza industrial y previsible, o te apetece descubrir el carácter de una masa artesana de verdad como esta Lingua di Mangiafuoco? Cuéntame tu experiencia aquí abajo, en los comentarios. Ya sabes que este rincón se alimenta de lo que de verdad nos pasa en la mesa. ¡Te leo!

Fotografías: © Paco Palanca / Instagram: @ojoalplato.blog  / Facebook: @ojoalplato /Twitter: @ojoalplato /Twitter: @pacopalanca

Ficha de restaurante
Dirección Puerto Deportivo Las Fuentes, Local 13, 12579 Alcossebre (Castellón)
Teléfono +34634346864

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