A todos nos gusta tomar comida casera, auténtica gastronomía elaborada a partir de productos naturales autóctonos.¿Pero que pasa cuando a la comida casera le falla la técnica de elaboración? No basta con una excelente materia prima y me consta que los ingredientes básicos de la cocina Navarra son excepcionales. Nadie va a poner en duda, y menos yo, que la huerta de la región es excepcional, pero el procesado de esa excelente materia prima requiere a su vez de una buena elaboración.
Hoy he cenado en este restaurante que, sin ninguna duda es un clásico de Tudela. La afluencia de clientes así lo confirma. Pocos restaurantes de esta ciudad tendrían ese número de comensales un lunes por la noche en el mes de agosto.
Sin duda la materia prima es de primera calidad, así lo he podido comprobar en los platos de escasa elaboración, pero no me he encontrado lo mismo en un plato un poco más elaborado, mínimamente trabajado. Estoy hablando de un restaurante que pertenece a un hostal del mismo nombre, con una consolidada tradición en Tudela. Además de los clientes del hostal, hemos acudido algunos que no estábamos alojados. En mi caso el mismo hotel donde yo estoy hospedado me ha recomendado este restaurante. Tiene un salón bastante amplio, con abundante espacio y mesas bien acondicionadas y vestidas convenientemente. La mantelería es de fibra sintética de tacto agradable, pero al menos no hay papel en las mesas. Las copas, como en la mayoría de los casos, son muy mejorables. La carta es bastante extensa, con un predominio de platos locales, en connivencia con platos de pescado que no parecen nada apropiados para el lugar, ya que el mar queda bastante lejos, pero bueno eso es aplicable a muchos otros sitios del interior. Dicen que uno de los mejores puertos de mar está en Madrid. Yo por si acaso no he querido arriesgarme.

He pedido dos platos de verduras, uno completamente vegetal, la ensalada de “feos de Tudela”. Consiste en una ensalada donde predomina el tomate de la huerta navarra. Se le denomina feo porque en su desarrollo adquiere formas un tanto caprichosas. Deduzco que es algo similar al tomate de las huertas de Pinedo y alrededores. Huertas valencianas tradicionales que continúan cultivando los tomates en la planta hasta que están maduros. Seguro que hay muchos otros sitios donde cultivan este tipo de tomate. Huertas de Murcia y vegas de muchas otras zonas de España. Rioja, Galicia, Almería, etc. Estos desde luego estaban muy bien madurados. De color rojo intenso y sabrosos, se merecen la fama que tienen. La ensalada iba acompañada de un bonito escabechado a baja temperatura. Buena materia prima y buena ejecución.

El segundo plato, en el que había puesto muchas esperanzas por lo especial, ya que eran los primeros pimientos de este tipo que iba a probar, era un pimiento rojo de cristal, variedad de Navarra, asado y servido con pil-pil. Pues me salió mal, no me lo pude acabar. Tenía un fuerte sabor al asado, es decir un sabor ahumado, torrefacto muy fuerte, pero además me pareció que sabía a conserva. Cuando manifesté mis sospechas me aseguraron que era totalmente casero. No obstante había algo en él que no me gustó. Tengo serias dudas de que no fuese una conserva.

Con los postres me congracié con la cocina tradicional navarra. Pedí un pastel meloso de queso fresco con amarenas y guirlache. Las amarenas son unas frutas del bosque de la zona, del tipo de los arándanos o cerezas silvestres. Esa fue la explicación. El plato estaba muy rico.

Acompañe la comida con un rosado navarro ¡Cómo no! En esta ocasión fue un “Emergente” de la Bodega Marqués de Montecierzo. Un rosado correcto, típico navarro, elaborado con las variedades Garnacha y Cabernet Sauvignon. Con un color rosado que recuerda a las fresas. Aromas de frutos rojos y leves recuerdos de caramelo. Ataque suave. Complejo bouquet de fruta roja y caramelos de fresa. Precio 6,60 euros en la carta del restaurante.
Teniendo en cuenta que tomé dos platos de verduras, uno con bonito y el otro con pimientos asados, me pareció la mejor elección. No obstante pedí asesoramiento, ya que la carta de rosados, estando en Navarra, no era todo lo amplia que cabía esperar. En tintos y blancos había bastantes más opciones, aunque limitadas a Navarra, Rioja y Ribera.

Una sorpresa agradable fue descubrir la existencia de carta de cigarros, limitada pero presente, que ya es una excepción sobresaliente. Para acompañar el cigarro tome un pacharán “casero”, mejor no comentar.
En conclusión, cocina de muy buena materia prima, pero con algunos baches en la elaboración. Vi otros platos que presentaban mejor aspecto que los que yo había pedido, si tengo ocasión los probaré. Sobre todo las flores de calabacín rellenas de queso.
Seguramente es una buena opción dejarse aconsejar la próxima vez, no siempre los platos típicos de la zona son lo mejor.
Las experiencias enseñan.