
Cada vez encontramos más vinos y mejores, producidos de forma bastante artesanal, son elaborados por "artistas" que sienten verdadera pasión por hacer "su vino" y hacerlo lo mejor posible. Este es el caso de Adrián Alonso. Recuperó viñas abandonadas en las que vio muy buen potencial y se lanzó a la aventura. Aquí está uno de esos primeros vinos que ya ha sido elogiado por la crítica y por los consumidores.

Procede de viñas viejas en vaso y en secano, plantadas en una ladera orientada al noreste, a 990 metros de altitud, rodeadas de bosques de pinos, encinas y serbales —el árbol mágico que da nombre al proyecto. Se han incorporado uvas procedentes de una finca en Covarrubias, en la ribera del río Arlanza. El coupage está formado por 60% Tempranillo, 30% Garnacha, como uvas tintas y 10% Viura, Albillo, que son uvas blancas, y un resto de otras. Es un vino de corte fresco, preciso y muy bebible, para poder ser disfrutados en su máxima expresión al poco tiempo de ser embotellados. Todo ello sin perder las características de la zona, por lo que no están exentos de cierta concentración y coloración.
A copa parada tiene una intensidad aromática muy afrutada. En nariz nos muestra aromas de frutos rojos del bosque, hinojo y balsámicos con viveza y frescura. En boca muestra buena estructura y profundidad pero sin la tanicidad rústica de algunos otros tintos de la región. En su paso por boca se muestra fresco, equilibrado y agradable en el paladar. Delicioso.
