
Las comidas familiares fuera de casa, y más aún en estas fechas navideñas, en general no gozan de muy buena reputación debido a la masificación que se produce en los restaurantes, donde tienen que forzar la máquina al máximo y eso siempre puede traer desacoples o desequilibrios en su funcionamiento, aparte de que la saturación del cuerpo después de unas fechas plagadas de grandes ágapes no es la ideal para recibir un nuevo embate de platos, dulces y bebidas.
Pero siempre hay excepciones. Hay quien se deja la piel para ofrecer un nivel similar al que es habitual en su establecimiento, que sabe motivar y estimular a su equipo para que esté a la altura de los eventos que se le vienen encima, quien mantiene su propia exigencia para que la categoría de sus elaboraciones no se resienta, a pesar de las circunstancias apreciadas en el párrafo anterior. Ese es el caso de este restaurante y de su guía Paco Aviñó. Elabora y ofrece unos menús navideños en los que pone mucho empeño en que se cumplan las expectativas que los clientes tienen cuando se sientan en sus mesas. Su empeño por mantener un nivel parecido como cuando comes a la carta el resto del año es abrumador, pero la satisfacción del cliente supongo que le sirve de gratificación, y la prueba de que se repiten año tras año las reservas para esas fechas son la prueba de que está en el camino adecuado. El menú del día de reyes comenzó con unos saquitos de carrillera de buey que estaban realmente sabrosos y apetecibles.

Continuamos con un carpaccio de cigala con esferificaciones de naranja y aromatizado con eneldo. Con un poco de aceite de oliva virgen extra hubiera sido suficiente acompañamiento, dominaban los otros sabores sobre el de la cigala

El siguiente plato fue esta mousse de bacalao con pulpo a la gallega acompañados de chips de yuca y de patata. Una ración generosa de pulpo tierno y una suave y agradable brandada

Después nos sirvieron una refrescante ensalada con pimiento cherry relleno de queso cremoso, tomates, atún, bacalao, queso estilo Feta, rúcula y alcaparras.

La última de las entradas fue este ravioli de calabacín gratinado con foie y trufa.

El plato fuerte o principal fue esta espectacular fideuá de puchero, con su carne desmigada, sus garbanzos y la típica pelota.

El postre consistió en esta tarta de bizcocho con crema de limón que funciono perfectamente para limpiar el paladar. Ideal su punto de dulzor muy atenuado por la acidez del limón.

Uno de los vinos que tomamos, el blanco fue Luar do Sil, fue este infalible vino de Rioja de la bodega de Alvaro Palacios. Elaborado con uva Garnacha procedente de viñas viejas y ecológicas cultivadas en la finca homónima, a los pies del monte Yerga (Alfaro), donde esta variedad está profundamente arraigada. Se trata un vino moderno que refleja las características de su lugar de origen. Con 12 meses de crianza en barricas de roble francés. Tiene una expresiva nariz de fruta roja madura y notas de violetas. En la boca es jugoso, fresco y equilibrado. Un vino de cuerpo medio con una acidez elocuente, unos taninos finos y un final muy seductor. Siempre convence.
Si te ha gustado lo que has visto ve y saborea el menú "Disfrutón", me lo agradecerás.