
Una nueva visita a nuestro restaurante de cabecera en la ciudad de Dénia. Esta es la decimoquinta entrada que escribo del Baret en el blog, aunque las visitas han sido muchas más, sin duda el más comentado de todos, pero es que siempre ha habido motivos para ello. Sentarte a su mesa es encontrar cada vez alguna sorpresa nueva y mucha creatividad en sus elaboraciones. En esta ocasión la novedad que te traigo es doble, aparte de los nuevos platos hay novedad en la cocina, se ha hecho cargo de ella Miquel junior, poniendo en práctica las enseñanzas de su progenitor con acierto y aportando su joven ciencia en la creación de nuevos platos, como más adelante se verá.

Este brioche con mantequilla de cabra ahumada, anchoa y papada ibérica estaba exquisito. La mantequilla le daba al conjunto un sabor envolvente que ligaba perfectamente el salazón con el cerdo. Ya sabemos que la anchoa y la mantequilla se llevan muy bien, la papada es un plus y las frambuesas le daban el toque fresco al conjunto.

Salmonete con royal de gamba, holandesa de espárragos verdes y vinagreta de fresa. Acabado con trozos de espárragos y col kale frita. Este plato me gustó mucho, el punto del pescado estaba perfecto.

Calçots caramelizados con mantequilla tostada, hueva de atún y maruca, y crema de guisantes algo picante (¡bien!). Sorprendente este plato. A partir de un ingrediente sencillo de temporada se ha conseguido construir una elaboración con matices muy interesantes. Aplicando buenas técnicas y ayudándose de otros elementos más selectos Miquel junior ha elaborado una deliciosa composición. Me gustó y lo disfruté mucho.

All i pebre de pulpo de la Bahía, venía acompañado de una tostada con romesco, pimientos, rojos y fresas. Una crema de "all i pebre" muy rica y ración de pulpo generosa.

Comer carne cruda debe ser algo que llevamos en los genes desde antes de que se descubriera el uso del fuego, una de las mejores maneras para mí es de esta forma, en steak tartar, carne picada a cuchillo y bien aderezada. En el Baret lo preparan muy gustoso y con el punto justo de picante.

Venía acompañado de un fino y crujiente pan de cristal y panceta tostada. Una golosina.

Uno de los vinos que tomamos fue este Neno de Viña Somoza. Es un vino elaborado con la variedad Godello de los mejores viñedos de la zona, con clara influencia atlántica y carácter continental. En nariz, se aprecia un bouquet atractivo con notas de flores blancas y frutas frescas. En boca, se presenta amplio y equilibrado, con una buena acidez que resalta sus notas balsámicas y cítricas. Un vino que siempre sale muy bien. Me encanta.

El otro vino fue La Casilla, elaborado exclusivamente con la variedad Bobal, por Bodegas Ponce en la DO Manchuela. Posee aromas intensos, que recuerdan a las frutas rojas y toques de canela. En la boca, es un tinto sedoso y amable, con taninos bien integrados. Se cría con sus lías en barricas de roble francés. Por último, se embotella sin filtrar, ni clarificar. Es fresco y goloso por lo que resulta muy apetecible.
Una experiencia más en el Baret que no será la última.