Restaurante Rías Gallegas, Valencia
Miércoles, 29 de abril de 2009 por paco | Categoría: RestaurantesPara entrar en el restaurante Rías Gallegas, en Cirilo Amorós número 4 de Valencia, teléfono 963.525.111, hay que estar predispuesto a disfrutar de una experiencia gastronómica de alto nivel. Todo alrededor de la mesa se desarrolla de una manera muy bien orquestada. Todo sucede según lo deseable. Buena atención, buen ritmo, buen ambiente y buen nivel, en todos los sentidos.
El local es amplio, bien iluminado, acústicamente impecable. Buena separación entre mesas. Manteles, copas cubertería y vajillas muy bien. Cambio de platos, cubiertos y copas con cada servicio.
Fuimos tres personas, nos acomodaron en una mesa redonda de dimensiones considerables, estábamos anchos y cómodos.
Decidimos tomar el menú degustación “Rías Gallegas”, por un importe de 30 euros más iva, nos sirvieron tres entradas, un plato de cuchara a elegir de la carta, un plato de carne o pescado también elegido de la carta y un postre igual, de la carta.
La primera entrada era un trocito de empanada gallega que estaba deliciosa. La segunda entrada fue pulpo a la gallega, exquisito, tierno y sabroso, con un aroma extraordinario. Pero lo mejor de las entradas fue la tercera un crujiente de vieiras y cocochas al pil-pil acompañado de una salsa muy sabrosa, fue lo mejor de la cena.
Después elegimos los platos de cuchara, cada uno eligió uno diferente, ¡que cosas! Uno de ellos era el típico caldo gallego, otro fue una crema de boletus con queso gamonedo y el tercero unas pochas con anguila. No sabría decir cual estaba mejor de los tres, por que los probamos todos, claro.
Para continuar elegimos un plato de pescado, bueno dos. Uno tomó un plato de merluza con espuma de frutos rojos y los otros dos rodaballo a la gallega. Exquisito todo. Solo una pega, la merluza, que a pesar de presentar un buen punto de cocción, resultaba un poco seca al paladar, seguramente achacable a la conservación en el frigorífico, tal vez por una temperatura excesivamente baja.
De postres volvimos a elegir uno distinto cada uno. Uno se llamaba chocolate infusionado con textura de mandarina y espuma de arbequina, otro era sopa de coco con helado de piña y espuma de maracuyá y el tercero una tarta de castañas con helado de naranja. Muy buenos los tres.
El apartado de los vinos también fue memorable. En primer lugar por el exquisito servicio del mismo, con decantación de las dos botellas, tanto la de blanco como la de tinto. El blanco con el decantador dentro de su cubitera de vino para mantener la temperatura adecuada. El rellenado de las copas, en su justo nivel para que no se calentase el vino y en el momento adecuado.
Para las entradas pedimos un albariño “Pazo de Señorans, Selección de añada 2003″, de la D.O. Rias Baixas. Un vino increíble para lo que estamos acostumbrados con los blancos. Vino sin crianza que gracias a su estructura aguanta perfectamente el paso del tiempo. Es pura elegancia en la nariz y en la boca. Sutil, fresco y aromático, como si aun fuese joven. Color amarillo dorado, con aromas florales y de frutas, donde predominan los cítricos. En la boca mantiene una buena acidez y equilibrio.
El otro vino lo pedimos previa sugerencia del restaurante y también nos gustó mucho, aunque no causó la misma impresión que el primero. “Lalama” de Bodega Dominio de Bebei, se elabora con uva mencía, brancellao y garnacha tintorera en la D.O. Ribeira Sacra, Galicia. Ha madurado 16 meses en barricas y 20 en la botella. Es un tinto con buen potencial de guarda. Tiene un color picota, con aromas carnosos y frutales muy maduros. En la boca resulta redondo y franco. Muy bueno.
Un detalle importante, no por lo que supone económicamente, sino por el hecho en sí mismo, no nos cobraron el café, que era bueno, las infusiones, ni el estupendo pan que nos sirvieron.
El precio por persona salió a cincuenta euros. Teniendo en cuenta que los vinos valían 33 y 20 euros, ya con el iva, salen las cuentas, algo más de 32 euros cada uno por la estupenda cena que nos sirvieron.
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Día 13 de octubre, nueva visita a este impecable restaurante. Como la vez anterior pedimos el menú degustación “Rías Gallegas”, 30 euros más iva. Precio excelente.
Como recordareis eran tres entradas fijas, un plato de cuchara, un plato de carne o pescado y un postre, elegidos estos tres directamente y libremente de la carta.
Para beber pedimos Capellanía 2004, un blanco reserva de Rioja, elaborado con la variedad viura y con dieciocho meses de crianza en barricas de roble americano. Es un vino con una excelente acidez lo que le da una frescura muy agradable y el paso por las barricas le aportan un bouquet muy elegante. Estuvo muy bien con los platos pedidos, armonizando perfectamente con todos ellos.
En este caso las entradas variaron un poco, en lugar de la empanada de la vez anterior tuvimos una tosta de cecina. La cecina exquisita, jugosa y aromática, nada de pergamino como sirven en algunos sitios.
La segunda entrada fue el clásico pulpo, aromático, tierno y sabroso. Un plato que les sale bordado.
La última entrada fue el crujiente de vieira y cococha al pil pil. Magnifico, un contraste de sabores y texturas.
De plato de cuchara pedimos los dos igual, pochas con anguila. Las pochas mantecosas y tiernas, el caldo de un intenso sabor a pescado y la anguila jugosa, dando un contrapunto muy interesante.
De plato principal elegimos un lomo de atún con miel, mostaza y vinagreta de frutos secos, muy bueno y el otro fue bacalao fresco al pil pil. Estupendo también.
De postres pedimos una tarta de café acompañada de helado de vainilla que estaba exquisita, con un intenso sabor a café y el otro postre fueron cañas rellenas de crema con flan de castaña y helado de leche merengada, estupendo.
Para acompañar a los postres pedimos una copa de semillon blanc de Finca la Anita, Mendoza (Argentina) y una copa de La Bota de Px de Montilla seleccionada por el equipo Navazos.
Como la vez anterior una delicia de cena, para seguir repitiendo.